Comparar la altura de los niños con la de sus compañeros de clase, resulta a menudo improductivo. Los expertos recuerdan: si a una determinada edad tu hijo no ha crecido aún, es probable que su momento de maduración sea más tardío. Sólo en el caso de que la talla al nacer haya sido muy inferior por un retraso intrauterino, o de que exista alguna enfermedad de base que impida el normal crecimiento, precisará de un control especial por parte del endocrino.

Según los pediatras, un niño es bajito cuando su talla está por debajo del percentil tres de las curvas establecidas para su edad, sexo y grupo étnico, lo cual puede deberse a causas genéticas, infecciones o causas placentarias. En el caso de que un niño nazca con una talla y un peso inferior al que le corresponde a su edad gestacional, los expertos hablan de retraso de crecimiento intrauterino y precisan de un control especial para confirmar que poco a poco entran en parámetros de crecimiento normales. También recuerdan que partir de los 3 años deben ser remitidos a Endocrinología Pediátrica, con objeto de poder beneficiarse de tratamientos con hormona de crecimiento. Los trastornos del crecimiento afectan aproximadamente a 1 de cada 3.800 niños nacidos en el mundo y se estima que alrededor del 5 por ciento de los niños que acude a consulta de Pediatría tiene una patología relacionada con el crecimiento: “Estos niños pueden presentar un aumento de factores de riesgo cardiovascular y alteración de la composición corporal (aumento masa grasa, disminución de masa muscular y de masa ósea)”, explica Beatriz García Cuartero, presidenta de la Sociedad Española de Endocrinología Pediátrica (SEEP). Para corregirlo, es importante “el diagnóstico temprano y una buena adherencia al tratamiento, lo que permite que los pacientes puedan alcanzar una altura y desarrollo relativamente normales”, insiste. “Existen estudios que han demostrado que la calidad de vida de estos niños disminuye notablemente con la baja estatura, afectando a factores psicológicos, sociales y emocionales.

¿Qué influye en la talla?

1. Los factores genéticos (sexo, raza, talla de los padres).
2. Los factores ambientales, sobre todo una correcta nutrición.
3. El ritmo de maduración de cada niño, lo que depende del momento en que empieza su desarrollo puberal. Este inicio puberal también tiene un componente hereditario. De padres precoces suelen ser hijos con pubertad adelantada. De padres tardíos, hijos con pubertad más tardía.
4. Otros factores que pueden afectar al crecimiento son determinadas enfermedades que concurren con déficits hormonales, enfermedades crónicas severas, prematuridad, obesidad, o incluso en casos de abandono y falta de cariño. Esto supone menos de un 5% de los niños bajitos.

Un “circuito” irregular

El niño no crece a la misma velocidad durante toda la infancia. Crece más rápido en los 2 primeros años (25 cm y 12 cm respectivamente). Otro momento de crecimiento acelerado es en la pubertad (8-12 cm /año). En las niñas se presenta entre los 10 a 11 años empezando rápidamente el tirón puberal. En los varones, entre los 12 y 13 años pero suelen tardar alrededor de un año en iniciar el estirón. En las etapas intermedias se crece entre 5-8 cm al año.

Cuándo hacerle una edad ósea

Los niños crecen gracias al cartilago de crecimiento que se halla en todos sus huesos. Dicho cartilago va calcificándose y cuando todo él se ha calcifidado dejan de crecer. La edad ósea muestra la maduración del esqueleto en un momento dado y se calcula con una sola radiografia de la mano y muñeca izquierdas. La edad ósea no necesariamente tiene que coincidir con la edad real o cronológica del niño. Pero, una diferencia de más de un año entre una y otra puede indicar que hay un problema de crecimiento. Si se confirma que nuestro niño está por debajo del percentil tres y/o que su velocidad de crecimiento es baja, se debe iniciar un estudio que incluya la talla de los padres, porque el componente hereditario es muy importante, y una edad ósea para poder comparar el grado de desarrollo de los huesos con la edad cronológica de los niños. Ciertas enfermedades crónicas pueden adelantar la edad ósea, como es el caso de los niños obesos, que suelen tener la talla alta porque tiene una edad ósea acelerada. Otras enfermedades crónicas mal controladas que causan desnutrición (insuficiencia renal, enfermedad celiaca o enfermedad pulmonar crónica) retrasan la edad ósea. Cuando mejora la enfermedad y el estado nutricional, la edad ósea se va igualando a la cronológica. El hipotiroidismo también produce un retraso en la edad ósea que se normaliza cuando se inicia tratamiento. En cualquier caso, un niño que tenga un retraso en su edad ósea no tiene porque ser más bajito que la media. Incluso puede ser más alto, si los padres lo son. En cambio, un niño con edad ósea adelantada alcanzará la talla definitiva antes que los demás.

¿Cuándo tratar con la hormona de crecimiento?

Así pues, hay dos tipos de niño con talla baja: los niños sanos con talla baja y los niños con talla baja secundaria a una enfermedad, en cuyo caso son susceptibles de tratarse con hormona de crecimiento. La hormona del crecimiento controla el crecimiento huesos, músculos y órganos. Se produce en una parte del cerebro que se llama hipófisis o glándula pituitaria y desde allí se libera al torrente sanguíneo. En el momento actual están financiados dentro del sistema público los niños con Déficit de Hormona de Crecimiento, Síndrome de Turner, Insuficiencia Renal crónica, Síndrome de Prader Willi, Crecimiento intrauterino retardado (a partir de los 4 años no se ha recuperado la talla), y deficiencia de crecimiento por alteración del gen SHOx. Esta hormona administra en inyecciones subcutáneas cada día. Es mejor por la tarde noche. Se usa una pequeña aguja. Se inyecta en el tejido graso, justo por debajo de la piel. Se suele pinchar en muslos o glúteos. Se intenta cambiar los sitios de administración. El paciente o su familia lo hacen en casa tras un breve adiestramiento. Se debe de guardar en la nevera porque se ve muy afectada por el calor. Se recomienda sacar del frigorífico 80 minutos antes de administrarla.

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